Una piscina de obra es, técnicamente, una obra civil con instalaciones hidráulicas y eléctricas propias que se construye sobre terreno privado. En los municipios de la provincia es siempre obra mayor: requiere proyecto técnico firmado, licencia municipal expresa y, al terminar, certificado final de obra. El resultado comparte poco con una piscina prefabricada: el vaso es de hormigón armado con pasamuros integrados, el revestimiento interior se elige entre gresite, porcelánico o liner armado, y la depuración se dimensiona para el volumen real del vaso y el uso previsto.
Antes de proyectar verificamos cuatro condicionantes de parcela que son los que deciden si el proyecto es viable como se ha pensado o exige cambios: los retranqueos obligatorios a los lindes marcados por el planeamiento municipal, el acceso de maquinaria para la excavación mecánica, el tipo de terreno (nivel freático, presencia de roca, arcillas expansivas) y las acometidas disponibles. En parcelas sin acceso directo trabajamos con equipos pequeños y plazos mayores; en terrenos con freático alto reforzamos el vaso para resistir empuje hidrostático con la piscina vacía.
La ejecución encadena cinco fases con dependencias claras: replanteo y licencia, movimiento de tierras y vaso, instalación hidráulica, impermeabilización y revestimiento, y entorno con puesta en marcha. Una piscina residencial estándar lleva habitualmente entre 8 y 14 semanas de obra, sin contar la fase previa de proyecto y licencia. La sala de máquinas se dimensiona en función del volumen del vaso: bomba de recirculación, filtro de arena o vidrio y sistema de tratamiento (cloración salina es la opción más demandada en Costa del Sol).